Las lluvias no han cesado y con ello persiste el sentimiento agridulce de, por un lado, recibir el agua que tanta falta nos hace, y por el otro, la angustia creciente por las enormes pérdidas que se han sufrido en infraestructura, vivienda, automóviles, y vaya que las lluvias del fin de semana pasado nos han dejado atónitos.
Surge entonces la desesperación y la búsqueda de un culpable, si el error es de uno mismo, la autoridad o hasta el Dios que permite tanta lluvia. Aquí el detalle es mucho más sencillo, sufrimos las consecuencias de no haber sabido ni seguir sabiendo cómo planear una ciudad.
Juárez es una ciudad que fue creciendo “a lo loco” ese boom maquilador de hace 50 años produjo un fenómeno de crecimiento que las autoridades municipales no pudieron controlar. Por eso hay una planeación de la ciudad tan ilógica que sorprende a propios y extraños.
El detalle es que fuera de las confusas calles, la saturación de vialidades o hasta lo mal que se ve una ciudad tan desorganizada, el no haber sabido planear la ciudad nos expone más a fenómenos de la naturaleza -como las lluvias- que, aunque no son evitables si pueden prevenirse.
Hay que reconocer que en la ciudad son varias las zonas residenciales que no deberían existir, sobre todo en el norponiente y suroriente de Juárez que, sin buscar animadversión con sus habitantes, existen por negligencia de sus fundadores y la opacidad de autoridades.
Recordemos esos movimientos sociales como el CDP que buscaron resolver un problema de habitación en Juárez que, aunque era legítimo se hizo de una manera tan desorganizada que terminó afectando el orden de la ciudad y a los propios habitantes que buscaban ayudar, pues ellos son los primeros afectados ante fenómenos naturales.
Este fenómeno de asentamientos irregulares creció de tal manera que se creó un Instituto Municipal de Investigación y Planeación (IMPI) en 1995, para buscar en medida de lo posible resolver los desperfectos de organización en la ciudad, la verdad es que ante intereses políticos y sobre todo económicos este instituto junto con las ideas de organización, fueron crecientemente ignorados.
El problema persistió y Juárez se desarrolló teniendo asentamientos en espacios donde alguna vez hubo arroyos, a pie de cerros que la naturaleza en estos últimos días ha reclamado.
Ante esto se exige más y mejor infraestructura hidráulica (diques, alcantarillado, pozos de absorción) y aunque se reconoce que las autoridades en ciertos sectores adolecen de atención, también es cierto que hay áreas en la ciudad que ni con todo el presupuesto podrán solucionar los problemas de inundaciones, porque, aunque la fuerza de la naturaleza se contiene jamás se domina. Aquí es donde debemos replantearnos el cómo se debe proceder.
La organización y reubicación de domicilios en zonas de riesgo, aunque suena algo imposible todavía es más viable que tratar de dominar a la naturaleza que reclama sus espacios de cuando en cuando.
Lo barato sale caro y por eso la planeación adecuada de la ciudad sigue siendo un tema de grandísima importancia, porque, aunque pensamos en colonias que tienen décadas de problemas y que solo la reubicación parece solucionarlo, en los nuevos fraccionamientos de la ciudad vemos que se repiten los mismos patrones.
Se siguen las lógicas del mercado y del terreno adquirido sin tener conciencia de los problemas que pueden desarrollarse ante un siniestro y que ya se hicieron presentes en los últimos días, a veces solo se está merced de donde deja caer el agua la nube.
Necesitamos autoridades más firmes en cuanto a la planeación y el desarrollo urbano, es su razón de existencia, es lamentable ver que tenemos los reglamentos, las leyes, pero no la intención de aplicarlos.
Por intereses momentáneos en lo económico o en lo político creamos plataformas del desastre en los años venideros, hay que fortalecer a nuestros institutos de planeación y el orden que necesitamos en la ciudad, de lo contrario seguiremos perdiendo el patrimonio e incluso la vida, en una ciudad que debería como mínimo resguardarnos y no exponernos deliberadamente a las inclemencias naturales.