Durante siglos en la Edad de Piedra, una serie de cuevas en el sur de España albergaron un espeluznante hábito de canibalismo, lo que confirma quizá el caso más literal de “eres lo que comes”.

Desde hace al menos 8000 años, según un nuevo estudio, las personas del lugar consumían a sus muertos de una manera muy parecida a como comían animales salvajes y ganado: como otra fuente de alimento disponible, no por circunstancias extremas. “No es una guerra, no es un conflicto”, dijo Miguel Botella, profesor emérito de Antropología Física y Forense en la Universidad de Granada en España. “Sino que se comían los cadáveres, se comían a la gente cuando ya estaba muerta”.

Botella comenzó a estudiar cuevas en el sur de España en 1972 en un yacimiento llamado Las Majolicas, donde descubrió montones de huesos neolíticos. Ahora, en un estudio reciente publicado en el Journal of Archaeological Science, él y su equipo compararon tres cuevas de la zona, todas con señales de canibalismo en periodos que a veces se superponían.

En total, el equipo analizó 967 restos humanos que representan a por lo menos 60 individuos, los cuales datan de distintos periodos entre 5300 y 3760 a. C. Los huesos presentaban marcas de cortes consistentes con acciones de despiece: marcas hechas por herramientas de descarnamiento, extracción de carne y troceamiento. Algunos huesos también parecen haber sido hervidos, a juzgar por su color más blanco y su translucidez. Otros fueron destrozados, muy probablemente para extraer la médula, dijo Botella.

El análisis individual de las cuevas mostró a los investigadores que el canibalismo ocurrió de manera constante en la zona a lo largo de siglos, con algunas variaciones técnicas.

En Malalmuerzo (un nombre que es enteramente coincidencia, según Botella), los restos presentaban todo tipo de marcas de procesamiento. También había huesos de niños con marcas de masticación humana, señales de “un consumo muy muy intensivo”, dijo Ana Solari, antropóloga física y forense del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina y coautora del estudio.

En Carigüela, los antropólogos han encontrado copas craneales, básicamente cráneos modificados para servir de recipientes, provenientes de un cráneo adulto y de uno infantil. Los restos de esta cueva, que databan de dos periodos distintos, también contenían otras herramientas hechas a partir de huesos humanos, como punzones y cinceles de fémur.

En dos de las cuevas, Malalmuerzo y Majolicas, había aproximadamente el mismo número de mujeres y hombres, y de adultos y niños. Botella y Solari dijeron que la distribución relativamente uniforme, al analizarla junto a otras evidencias, hacía pensar que la mayoría de las personas que fueron canibalizadas muy probablemente no fueron víctimas de violencia antes de morir.

El equipo también propuso que, debido a que todos los restos fueron desechados junto a huesos de animales con marcas de procesamiento similares, probablemente estas personas tampoco cazaban a otras con el propósito expreso de comerlas.

En cambio, parece más probable que las personas en estas cuevas se canibalizaran entre sí como práctica funeraria. Eso contrasta con otras comunidades de Europa de la época, que enterraban a sus muertos o los dejaban en tumbas al aire libre. A partir del siglo V, algunos europeos también comenzaron a enterrar a sus muertos de forma colectiva en tumbas megalíticas.

Pero en estas cuevas del sur de España, dijo Botella, los investigadores aún no habían encontrado evidencia de ningún otro tipo de práctica funeraria, como entierros o cremaciones. “A la inmensa mayoría no los mataron, sino que se murieron”, dijo. “Y después de muertos fue cuando se los comieron”.

Botella especuló que las personas en estas cuevas podrían haber canibalizado a sus familiares o amigos para que permanecieran en sus vidas, de manera similar a casos de canibalismo registrados más recientemente y practicados en partes de Sudamérica. Y aunque no había signos físicos de uso ritual en los huesos, para ornamentación, por ejemplo, esto no descarta que no ocurrieran rituales.

Silvia Bello, quien durante algún tiempo ha estudiado el canibalismo en humanos antiguos en el Museo de Historia Natural de Londres, pero no participó en el artículo reciente, coincidió en que es muy probable que estos casos en particular ocurrieran entre miembros del mismo grupo. Aunque dijo que las posibles marcas de traumatismos por fuerza contundente en dos individuos revelaban la posibilidad de violencia ocasional.

Comerse unos a otros no era su principal preocupación en la vida. Botella dijo que estas personas eran principalmente agricultores y pastores, que criaban ovejas y cabras, y cultivaban trigo y cebada. Las cuevas tampoco son únicas: más de una decena de otras cuevas en el sur de España también tienen evidencia de canibalismo, al igual que otras en diferentes partes de Europa. En su conjunto, dijo Botella, esta investigación demostró que este tipo de canibalismo —comer a tus muertos— muy probablemente fue una práctica cultural común durante siglos en el Neolítico.

“No tenían los tabúes que tenemos en relación a comerse a sus muertos”, agregó Solari. “Eso es un tabú moderno”.