Para cubrir una posición de gobierno en el estado o el municipio, en cualquier escaño debe haber realmente un perfil que muestre las condiciones, conocimientos y requisitos que se deba cumplir para la vacante.

Desgraciadamente en nuestro país y en la ciudad eso no funciona así. Personas que no saben del tema cubren un puesto sumamente importante por compadrazgos, amiguismos o simplemente por ayudar en la campaña electoral al hoy electo.

Gracias a estas pésimas decisiones nos percatamos que existen personas de ese nivel en puestos de mucha importancia y la ciudadanía, haciendo trizas tales dirección u oficina de gobierno, creando problemas en lugar de eficientar el desempeño en beneficio social.

Es por ello que vemos algunos energúmenos que no saben el funcionamiento de su puesto y se hacen rodear de asesores, que les enseñan lo básico, por lo menos para salir de los embates de las entrevistas o ruedas de prensa, pero sin cumplir con el funcionamiento de la dependencia y para lo que fue creada.

Como ejemplo, ya vimos como los mismos jueces y magistrados fueron supuestamente electos en lugar de pedirles sus credenciales de experiencia y conocimientos del puesto a desempañar. Y ahora los imputados se juegan la vida prácticamente al recibir una sentencia de los inexpertos que tuvieron suerte de ser electos y ahora gozan de ese puesto con conocimientos limitados en varios casos documentados.

En la administración pública actual, la improvisación se ha convertido en una práctica habitual de gobierno. Y quien lleva las consecuencias de esos pésimos resultados siempre es el mismo juarense, el cual se cansa, pero no se pandea, hasta hoy.

Estas oficinas burocráticas pululan en la ciudad, donde personajes sin reconocer sus limitaciones adoptan actitudes de arrogancia y prepotencia, perdiendo piso, sin acordarse que el nombramiento fue por encargo y no por aptitudes.

Las limitaciones de los funcionarios sin preparación siempre recaen en la población y son quienes pagan las consecuencias de la ineptitud y errores administrativos, utilizando los espacios políticos para los compromisos personales descuidando la función pública.

Vemos cómo pérdidas económicas, desperdicio del recurso público e infinidad de formas para mejorar los servicios gubernamentales son echadas a la basura sin medir las consecuencias. Veamos a nuestro alrededor y nos daremos cuenta.

Así, la lealtad personal termina teniendo mayor valor que la capacidad profesional, y la permanencia en el puesto depende más de los padrinazgos que de los logros obtenidos. Resultando que ahora los promovidos son descubiertos de sus transas e ineptitudes y en lugar de juzgarlos legalmente, los protegen quienes los promovieron.

Es indispensable establecer mecanismos transparentes de selección, evaluaciones periódicas de desempeño y criterios profesionales que impidan convertir las dependencias públicas en agencias de colocación para amigos y colaboradores electorales.

Porque gobernar no significa repartir puestos como premios de consolación, ni utilizar el presupuesto público para pagar favores políticos. El servicio público exige capacidad, honestidad, conocimiento y resultados.

Mientras los gobiernos continúen privilegiando la amistad sobre la preparación, seguiremos padeciendo administraciones ineficientes, funcionarios improvisados y ciudadanos obligados a soportar las consecuencias.

México cuenta con profesionistas preparados, especialistas experimentados y ciudadanos capaces de dirigir con responsabilidad las distintas áreas gubernamentales. El talento existe; lo que frecuentemente falta es voluntad política para aprovecharlo.

En Ciudad Juárez, por ejemplo, la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Chihuahua ofrece formación en áreas como Administración Pública y Ciencia Política, una alternativa para quienes aspiran a participar en la vida pública con conocimientos, vocación de servicio y herramientas profesionales que contribuyan al bienestar colectivo.

Quienes verdaderamente desean construir una trayectoria política honorable tienen en la preparación académica un excelente punto de partida.

De lo contrario, siempre queda el camino más corto: buscarse un buen padrino político, aunque de administrar no sepan absolutamente nada.