España arrancó tres días de luto por la muerte de al menos 69 personas en el segundo desastre ferroviario de este año en el país, mientras los rescatistas siguen buscando víctimas entre los vagones destrozados de los dos trenes que colisionaron.

Esta nueva catástrofe, que volvió a conmocionar a los españoles, reactivó las dudas sobre la seguridad de la red ferroviaria nacional, que en enero ya había sufrido un duro golpe cuando el choque de otros dos trenes de alta velocidad en Adamuz, Andalucía, dejó 46 fallecidos.

El último accidente se produjo en la mañana del miércoles unos 150 kilómetros al sur de Madrid, cuando un tren de la compañía estatal Renfe que había partido de la capital rumbo a Sevilla embistió por detrás a otro de la compañía Iryo, que se encontraba detenido en la vía.

"Me desperté y estaba en el aire", contó Josimar Medina. Este turista peruano de 31 años y su novia descansaban en el tren de Renfe, cuando les sorprendió el impacto.

Fue "un golpe muy fuerte, duró mucho tiempo", describió de su lado Pablo Mejía, de 42 años, que probablemente salvó la vida por haberse ido a un asiento más cómodo en otro vagón.

"Creo que he vuelto a nacer", explicó con heridas en la cara y el jersey manchado de sangre.

Los servicios de emergencia, ayudados por dos enormes grúas blancas, continuaban buscando víctimas entre el amasijo de hierros en el que quedaron convertidos varios vagones.

Bajo el sol de la mañana, los perros especializados de la Guardia Civil también trabajaban en la zona.

"Están recorriendo las vías para ver si hay algún resto biológico, que es nuestra prioridad ahora mismo", explicó Pedro Pablo Garrido, portavoz de la Guardia Civil de Toledo.

El balance provisional de la tragedia aumentó a 69 fallecidos y una cincuentena de heridos hospitalizados, según las autoridades regionales de Castilla-La Mancha, en el centro del país, donde ocurrió el accidente.