Dolores Huerta, quien junto con César Chávez fundó lo que se convirtió en la Unión de Campesinos (United Farm Workers) y encabezó huelgas y boicots en las décadas de 1960 y 1970 que sindicalizaron a muchos productores de uva de mesa de California, y que cambiaron leyes y la vida de miles de trabajadores agrícolas migrantes, murió el miércoles en su casa de Bakersfield, California. Tenía 96 años.

La causa de muerte fue cáncer, dijo Erik Olvera, vocero de su familia.

Huerta, quien se convirtió en una especie de heroína popular mexicoamericana, retratada en murales y baladas, fue vicepresidenta del sindicato durante casi cuatro décadas y, hasta la muerte de Chávez en 1993, su segunda al mando.

Él era el líder carismático y, como se reveló después, abusivo; ella, la organizadora experta que coordinaba paros y boicots bajo una bandera con el águila azteca negra y negociaba contratos pioneros con las grandes empresas agrícolas.

Pero hubo un lado oscuro, largamente oculto, en sus años junto a Chávez. Según su relato, él la violó, una agresión de la que nunca habló públicamente hasta principios de 2026, cuando fue entrevistada por The New York Times mientras este investigaba las abundantes pruebas de que Chávez también había acosado y abusado de niñas menores de edad, algunas de tan solo 12 años.

"Lo vi, de nuevo, como mi jefe, como mi héroe, como, ya sabe, alguien que haría lo imposible", dijo Huerta al Times. "Nunca se lo conté a nadie, y la razón es que simplemente no quería lastimar al movimiento".

Se cree ampliamente que Huerta acuñó la frase "Sí se puede" ("yes we can", en inglés), todavía un grito común en mítines y marchas demócratas, y que Obama adoptó como lema de su campaña presidencial. (Él reconoció que era de ella en sus palabras sobre Huerta durante la ceremonia de la Medalla de la Libertad).

En las líneas de piquete y en protestas de desobediencia civil, Huerta y Chávez practicaron las estrategias no violentas de derechos civiles del reverendo Martin Luther King Jr. Fue arrestada 22 veces, golpeada por esquiroles y, en una ocasión, agredida con severidad por un policía, lo que le causó costillas rotas y la ruptura del bazo, y la dejó incapacitada durante meses.

Madre de 14 hijos, Huerta a veces les cambiaba los pañales entre reuniones de organización y amamantaba a sus bebés durante los descansos de las negociaciones. Sus hijos vivían con frecuencia con amigos y simpatizantes, comían alimentos donados y se adaptaban a mudanzas constantes. La mayoría llegó a ser activista o profesionista: entre ellos hay una abogada, un médico, artistas escénicos, una terapeuta, administradores de empresas y un chef.

Huerta también defendió los derechos de los inmigrantes y de las mujeres, y fue aliada de demócratas progresistas como el gobernador de California Jerry Brown, quien firmó leyes que ella impulsó; el senador Robert F. Kennedy, cuyo asesinato presenció, y el presidente Barack Obama, quien le otorgó en 2012 la Medalla Presidencial de la Libertad, el máximo honor civil de Estados Unidos.

Chávez y Huerta fundaron en 1962 la Asociación Nacional de Campesinos con poco más que el sueño de una organización que ayudara a los trabajadores migrantes que laboraban largas horas en trabajos extenuantes, con bajos salarios y sin seguridad laboral, y que enfrentara los abusos, entre ellos la exposición a pesticidas tóxicos, de los poderosos productores de California.

"La gente pensaba que estábamos locos", dijo Huerta años después a The Salt Lake Tribune. "Preguntaban: '¿Cómo van a organizar a los campesinos? Son inmigrantes pobres y sin poder. No tienen dinero y no pueden votar'".

Pero en 1965 tenían 1,200 miembros y suficiente fuerza para unirse a trabajadores filipinos en una huelga contra los productores de uva de mesa en la zona de Delano, en el Valle de San Joaquín, y más tarde en el Valle de Coachella, en el sur de California. Fue una lucha amarga. Los productores contrataron esquiroles y la policía local ignoró repetidos actos de acoso y violencia.

Cuando un productor comenzó a vender uvas bajo la etiqueta de otro, Huerta y Chávez convocaron a un boicot contra los productos del infractor. El FBI puso a ambos líderes sindicales bajo vigilancia por presuntos vínculos comunistas.

Pero la huelga ganó el apoyo de otros sindicatos, entre ellos el de los Trabajadores Automotrices Unidos (UAW), y de Kennedy, quien asistió a un mitin en Delano el 10 de marzo de 1968. "El mundo debe saber", dijo ante una multitud de 4,000 personas, "que el campesino migrante, el mexicoamericano, está empezando a ocupar el lugar que le corresponde".

Dolores Clara Fernández nació en Dawson, Nuevo México, el 10 de abril de 1930, la segunda de tres hijos de Juan Fernández y de Alicia Chávez Hernandez. Su padre, minero de carbón, se convirtió en líder sindical y en integrante de la Legislatura de Nuevo México.

Tras el divorcio de sus padres, ella y sus dos hermanos fueron criados por su madre y un abuelo en Stockton, California. Su madre trabajó como mesera, obrera de una enlatadora y cocinera antes de comprar y operar un hotel, donde a veces hospedaba y alimentaba gratis a trabajadores migrantes.

"Mi madre era una mujer fuerte y no favorecía a mis hermanos", dijo Huerta a Susan Ferriss y Ricardo Sandoval-Palos para The Fight in the Fields (1997), el libro que acompaña a un documental de PBS del mismo nombre. "No existía la idea de que los hombres fueran superiores. En casa, todos compartíamos por igual las tareas del hogar".

Tras graduarse de la preparatoria de Stockton en 1947, obtuvo un certificado de maestra en Stockton College (hoy San Joaquin Delta College). Dio clases en una primaria, pero renunció frustrada. "No soportaba ver a niños llegar a clase con hambre y necesitando zapatos", dijo a The San Diego Union-Tribune.

En 1950 se casó con Ralph Head, compañero de preparatoria. Tuvieron dos hijas y el matrimonio terminó en divorcio. Con su segundo esposo, Ventura Huerta, cuyo apellido conservó tras el divorcio, tuvo cinco hijos. Más tarde tuvo cuatro hijos con Richard Chávez, hermano de César Chávez, con quien mantuvo una relación de pareja de largo plazo.

Le sobreviven 13 de sus hijos, 24 nietos, 23 bisnietos y siete tataranietos.

Su vida fue elogiada en Dolores, un documental de 2017 de Peter Bratt. En 2019, el gobernador de California, Gavin Newsom, proclamó un Día de Dolores Huerta anual para conmemorar su "búsqueda de justicia a lo largo de toda la vida". En una entrevista de 2020 con el Times, se le preguntó por qué movimientos como el suyo trascendían las fronteras.

"Creo que es por la gente que participa", dijo. "Y esta es la razón por la que yo, a los 90 años, sigo trabajando. Cuando la gente se une y emprende acciones colectivas, ya sea en una marcha, en una elección sindical o, lo más importante, cuando se une para votar, así es como logramos el cambio".